Cartas al Director.

Un adolescente de 14 años agrede verbalmente y amenaza de muerte por e-mail a un compañero a quien odia por su manera de ser. Otros jóvenes de la misma edad son detenidos por asalto y robo frustrado a una residencia particular. Una adolescente de 14 años es grabada practicando sexo oral a un compañero en un parque, y otra de la misma edad lanza agua con un jarrón a la cara de la ministra de Educación. Y suma y sigue con diferentes cursos legales.
Durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos se aprobó la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente con dos ejes centrales. El primero, que cumplidos los 14 años de edad las personas pasan a ser plenamente responsables; es decir, asumen personalmente las consecuencias de sus infracciones a la ley penal igual que los adultos, pero con las variantes propias de encontrarse en un proceso de maduración y desarrollo. Es por ello que esa ley les otorgó a los jueces la posibilidad de aplicar sanciones dentro de una amplia gama de opciones, según la naturaleza y circunstancias del hecho y el grado de participación en el mismo. Entre esas opciones, la pena de cárcel es la excepción, pues queda reservada para delitos de la mayor gravedad. Se optó, por lo tanto, por sanciones preferentemente educativas; esto es, por castigar enseñando a asumir las consecuencias de los comportamientos vía tribunales especializados y dentro del marco de las normas del debido proceso.
El debate producido en torno al caso del jarrón y ciertas reacciones asociadas a ese episodio, salvo la del alcalde de Santiago, Raúl Alcaíno, son contrarias al espíritu y al texto de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, lo que nos hace temer fundadamente resultados finales de impunidad en los que los códigos prácticos terminen prevaleciendo sobre los códigos legales. Son fáciles de prever las negativas consecuencias que para otros jóvenes y para el país puede tener el ejemplo de impunidad de las referidas conductas.
LUIS BATES
no mates la música
Don Luis:
Su carta publicada el día miércoles 30 de julio me sugiere la siguiente duda: ¿hasta cuándo se entienden los problemas y las conductas como hechos aislados en la contingencia cotidiana?
Los problemas que acusa Bates son de sumo concretos y por eso se vuelven blanco de críticas livianas y al final no somos capaces de tolerarlos. Pero otros problemas, como la negligencia del oficialismo respecto a la educación son tolerados, practicamente por omisión, por toda la sociedad. Como vivimos en la cultura de la imagen (se habla de esto por lo invadidos que estamos por las imágenes, hace 200 años no existían más que obras pictóricas y muy escasas) necesitamos manifestaciones concretas para castigar o ensalzar. De aqui se desprende la intolerancia ante estos actos concretos: una estudiante echa agua sobre una ministra y como NO vivimos en la cultura de la abstracción podemos, como sociedad, tolerar problemas profundos y complejos como el de la educación, el del calentamiento global, guerras antiterrorismo, etc.
Mientras los políticos insistan en pensar asi existirá menos acuerdo y menos convivencia, más miedo y más empresas de seguridad, más políticas prohibicionistas y más centros de rehabilitación, más tratados de libre comercio y más personas desplazadas.
ps el tema de maria música ha tomado ribetes de cortina de humo, se ha sobre-expuesto y ha desviado la discución del problema central: la educación, tal como lo ha hecho el lucro y como pasó con el volcán chaitén
